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Era una clara y tranquila noche de primavera en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), en el sur de España, concretamente en Andalucía. Estaba yo tumbado en la arena de la playa, frente al Coto de Doñana, observando la bóveda celestial, disfrutando de la paz y la tranquilidad que se respiraba y dejando volar mi imaginación despues de un día duro de trabajo. Las estrellas refulgían en el cielo y de vez en cuando alguna que otra estrella fugaz surcaba rápida y veloz el firmamento, dejando tras de si una estela que se iba difuminando poco a poco. De repente apareció un cuerpo de un color blanco que se movía a una cierta altura... Al acercarse hacia mi pude ver, con gran sorpresa por mi parte, que se trataba de una gaviota... ¡Si! Era una gaviota... Comprenderéis mi gran extrañeza al verla, todo el mundo sabe que de noche las gaviotas no vuelan. Así que, sin dudarlo, la llamé y le hice señas hasta que conseguí captar su atención. Con un vuelo majestuoso y en un planeo armonioso se fue acercando hacia mi y se posó a mi lado, plegando sus alas con una delicadeza extrema. Era un pájaro precioso y perfecto en su forma. Mi presencia no le intimidó en absoluto y con una voz suave pero a la vez firme e inquisitiva me preguntó que deseaba de él. Sin salir de mi asombro le pregunté por su vuelo nocturno y su forma de volar que no eran nada comunes entre los de su especie. La gaviota me dijo que se llamaba Juan Salvador Gaviota y que eso era una historia bastante larga... Yo a mi vez le contesté que me encantaría conocer dicha historia y, sin más preámbulos, empezó a relatarme su vida.... |
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